La propuesta para el Pabellón Polideportivo de Busot consiste en un juego de volúmenes exento que engloba todo el programa a modo de montaña, la cual crece desde el suelo y busca fundirse con el paisaje, destacando como un referente para el municipio.
Para enfatizar la idea de bloque que se ancla al terreno, se utilizan materiales con mayor presencia en la banda inferior, aportándole un carácter másico, y crece con otros más ligeros en la banda superior, como la chapa microperforada o el policarbonato celular opal que permite una entrada de luz difusa al interior del pabellón. Por la noche, esta condición da lugar a todo un sistema de luz que, desde el interior, convierte el pabellón en un faro perceptible desde todo el entorno. Hasta el punto que en función de la luz, el espacio pasa de ser un icono visual en el ocaso, debido a que la luz del interior se remarca en el exterior. Hasta que, a primera hora de la mañana, el edificio se desmaterializa, permitiendo ver a través de el, las montañas cercanas a Busot. A medida que las primeras luces del día lo iluminan, el volumen se remarca, recortándose frente al cielo, convirtiéndose en una nueva montaña a las puertas de la ciudad.
El polideportivo parte de un programa versátil destinado a la educación física, el deporte escolar, el deporte recreativo y el entrenamiento y la competición de ámbito local del deporte federativo. Al mismo tiempo, permite un posible cambio de uso para poder ser destinado a pequeñas ferias de muestras, exposiciones comerciales de gran formato y eventos de carácter medio. Para ello, se ha proyectado parte del cerramiento que posibilita la apertura del edificio, generando nuevos espacios exteriores deportivos y recreativos que sirvan de extensión de la propia pista y permitan configuraciones más flexibles del espacio. De forma que el interior y el exterior se fundan en un solo espacio, como ya ocurre a lo largo del día.