La remodelación de la Antigua Estación de Autobuses de Alicante, es un proyecto coral firmado por varios despachos de arquitectura de Alicante: Isaac Peral Arquitectos, el Patronato de la Vivienda con sus técnicos municipales Miriam Jareño y Pedro Riquelme junto con Crystalzoo. Desarrollamos este proyecto tan singular para la ciudad de Alicante, por ser una edificación catalogada dentro del patrimonio de la ciudad.
Partimos de una premisa de reciclaje arquitectónico donde el peso de la memoria histórica de la Provincia de Alicante es muy importante, pero con una condicionante que hasta ahora no habíamos tenido, la importancia a nivel personal que tenía el proyecto para los miembros del equipo.
Nos centramos en limpiar y poner en valor lo mejor de la arquitectura: primer edificio de hormigón de la provincia de Alicante, trabajar con las sensaciones de los antiguos usuarios y pensar como habría proyectado su arquitecto, Félix de Azua, si en la parte trasera hubiese tenido una plaza arbolada, no una playa de autobuses.
Analizamos sus planteamientos iniciales y su influencia de la Estación del Este de París de François-Alexandre Duquesnay, de la que toma el planteamiento de las naves y la solución de la cubierta acristalada.
La memoria histórica de Alicante renace en la renovada estación de Séneca
En su nueva etapa vital, la nave central se convierte en un gran espacio cubierto, como una marquesina mas de las antiguas que conformaban los apeaderos, pero de grandes proporciones.
Una plaza cubierta abierta a la ciudad, pidiendo ser vivida por la gente de la provincia de Alicante, un espacio recuperado a la memoria colectiva de varias generaciones.
Presidido por los antiguos frescos de del artista local Gastón Castelló que nos indican lo mejor de la ciudad y de la provincia de Alicante, en un pasado no tan lejano, un lugar de acogida, un espacio donde estar, donde recordar a esos viajeros que vinieron y de los que muchos se quedaron.
En medio de la ciudad, en el punto donde se sitúa el edificio, se cruzan gritos y susurros del pasado y del presente: los del refugio antiaéreo de la guerra civil; los de viajeros inciertos; los de los niños que hoy abarrotan el parque al salir del colegio.
Nuestro edificio quería hablar de todos ellos, acogerlos, escucharlos, y darles algo de paz a cambio.
Hace años, el Mestre de Arquitectura Vicente Vidal, en mi última corrección del proyecto fin de carrera, me dijo una frase que siempre llevo encima: “la ciudad está llena de gritos y susurros: espero que hagas grandes susurros”.
Nos gusta pensar que este edificio responde a aquella esperanza, y que seguirá muchos años susurrando su historia a todo aquel que la quiera escuchar.