Vivienda en la naturaleza, compuesta por cuatro pabellones, cuyo origen se encuentra en la preservación de un antiguo cobertizo de madera. Su presencia silenciosa se convirtió en el punto de partida del proyecto. Las exigencias funcionales dieron lugar a una transformación gradual mediante una serie de adiciones concebidas no como ampliaciones, sino como acompañantes discretos. Los nuevos volúmenes no compiten con la estructura original; por el contrario, establecen un diálogo contenido a través de pasajes cambiantes integrados en el paisaje y conectados por un muro medianero ensanchado.
Cada pabellón desarrolla su propio carácter arquitectónico, conformando una secuencia de experiencias espaciales y emocionales. El proyecto se define por líneas sencillas, una marcada horizontalidad y una estrecha relación con el territorio circundante. Los cuatro edificios se dispersan entre los árboles existentes, protegidos por sus copas y situados en condiciones naturales diversas. Las cumbres blancas de Sierra Nevada definen el horizonte lejano, mientras que la Vega se despliega como un paisaje horizontal profundo, fragmentado por choperas y construcciones dispersas, en constante transformación.
La arquitectura se adapta a los árboles existentes, entendidos como elementos estructurantes del paisaje. La implantación protege tanto el entorno natural como las edificaciones, reforzando la sostenibilidad al permitir que la naturaleza informe la orientación, el control climático y el uso cotidiano. El muro medianero se expande para albergar una galería que actúa como umbral espacial, un lugar de transición donde la percepción cambia y comienzan nuevas experiencias.
Los cuatro pabellones se definen por su relación con la naturaleza: dormitorios de madera, cromáticamente alineados con el arbolado; un espacio de estar acristalado abierto al jardín y protegido por un gran nogal; una cocina reflejada en una alameda; y una oficina resguardada bajo un olmo centenario. En conjunto, configuran un lugar donde la vida cotidiana se vive con claridad y la calma favorece la reflexión.