El proyecto transforma una antigua vivienda noble en un centro cultural abierto a la ciudad. La intervención parte de una idea sencilla: preservar la memoria doméstica del edificio y, al mismo tiempo, dotarlo de una nueva vida colectiva. La arquitectura no busca sustituir lo existente, sino revelar las cualidades espaciales que permanecían latentes y hacerlas compatibles con el encuentro entre arte, conocimiento y ciudadanía.
La luz, el jardín y el paisaje se convierten en los materiales fundamentales de la transformación. La arquitectura actúa como un filtro capaz de capturar la luz tamizada por la vegetación y distribuirla suavemente por el interior, generando una atmósfera serena que favorece la contemplación, la lectura y el intercambio cultural.
El edificio se organiza alrededor de un patio central concebido como un vacío escultórico. Más que un espacio de circulación, constituye el corazón del proyecto: un lugar donde convergen las distintas actividades y desde el que se establece una relación constante con el jardín y con el paisaje histórico que rodea el conjunto. La presencia de la naturaleza introduce en el interior el paso de las estaciones, los cambios de luz y los sonidos del entorno, ampliando la experiencia cultural más allá de los límites físicos del edificio.
La intervención conserva aquello que da identidad al lugar y transforma lo necesario para hacerlo habitable desde una sensibilidad contemporánea. Los nuevos espacios surgen a partir de la reinterpretación de las estructuras existentes, estableciendo una relación equilibrada entre permanencia y cambio.
La triple altura del antiguo patio –atrio- se convierte en un cubo de luz que articula el conjunto y amplifica visualmente la presencia del jardín. Desde las escaleras anexas al espacio central se accede a las estancias bajo cubierta, concebidas como una arquitectura superpuesta que incorpora vistas hacia el paisaje urbano y monumental de Granada. Las cubiertas dejan de ser un límite para convertirse en un territorio habitable suspendido entre ciudad, vegetación y horizonte.
Más que un contenedor de actividades culturales, el proyecto aspira a construir una atmósfera. Un lugar donde la memoria del edificio, la presencia del arte y la experiencia de la luz encuentren un equilibrio capaz de enriquecer la vida cotidiana de quienes lo habitan.