Esta casa es la continuación de una exploración recurrente en nuestro trabajo, que busca entender las formas de habitar en un lote suburbano típico de la periferia de Quito, rodeado de viviendas unifamiliares, a medio camino entre campo y ciudad.
El terreno, plano y apenas elevado sobre la calle, no tiene características especiales, salvo la posibilidad de disfrutar, desde la planta alta, de vistas lejanas hacia el oriente, la presencia de un par de algarrobos viejos que nos propusimos rescatar y, especialmente, un clima agradable durante prácticamente todo el año, que permite una constante interacción con el exterior.
El proyecto se estructura a partir de la relación entre dos barras dispuestas perpendicularmente entre sí. Al aproximarse a las periferias del lote, ambas definen el espacio más importante de la casa: el jardín, que genera y es generado por el proyecto mismo y se convierte en el foco de todas las actividades.
La barra de usos sociales se deposita sobre el suelo, paralela a la calle. Es hermética hacia la vía pública y se abre completamente hacia el interior privado. Este cuerpo se materializa íntegramente en hormigón mediante un sistema de losas, muros portantes y vigas de gran peralte.
Completando la composición, una segunda barra, transversal y sobrepuesta a la anterior, contiene los usos privados. Este volumen se abre hacia el jardín y captura las vistas lejanas hacia el oriente y el sol de la mañana, mientras niega la relación con la casa vecina. La barra se construye en acero y hormigón, potenciando un sistema de apoyos puntuales que permite dejar libre el espacio inferior.
La intersección de las dos barras genera los espacios de encuentro de la familia y permite la comunicación vertical entre las dos plantas y el subsuelo, dedicado a las zonas de servicio y equipamiento —estacionamientos, máquinas, bodegas, etc.—. Este espacio se vuelca sobre un jardín hundido que le proporciona luz y aire.
Los clientes, asiduos lectores y padres de dos hijos en plena adolescencia, solicitaron una pequeña biblioteca: un espacio tranquilo y silencioso que les permitiera cierto aislamiento de la vida cotidiana. Se decidió entonces aprovechar la longitud de la barra de usos privados, colocando el dormitorio principal al final del recorrido. Este se materializa como un puente de acero y vidrio, convirtiéndose en una herramienta para desconectarse del trajín diario. A la biblioteca se accede desde este puente, y su volumen de vidrio, envuelto en una celosía de madera, se suspende silenciosamente, flotando en el espacio.
Debajo de la barra privada se genera un gran espacio abierto y cubierto, a la manera de un porche que se integra al jardín. Desde allí se percibe íntegramente el ancho total del terreno y sus límites coinciden con los del lote. Este espacio está dominado por el sonido del agua que cae desde el espejo de agua de la planta baja hacia el subsuelo.
El proyecto se construye con hormigón, acero, vidrio, mármol y celosías de madera de chonta. La estructura es siempre evidente y de fácil lectura.
Se proponen una serie de mecanismos que permiten configurar distintos usos para determinados elementos. Una plataforma corrediza se desliza sobre la piscina y puede funcionar como puente entre la sala y el jardín, cubierta del hidromasaje, tarima o simplemente desaparecer. La cocina puede integrarse o separarse de la sala de estar mediante una guillotina metálica que se manipula a voluntad. Las celosías de las ventanas son corredizas, permitiendo facilitar su limpieza, controlar la luz o enmarcar distintas vistas. El mueble de la televisión es pivotante y todas las ventanas pueden apilarse para integrar completamente el interior y el exterior.
Esperamos haber creado un escenario para la vida, capaz de permitir variadas posibilidades y grados de interrelación entre sus habitantes, provocando situaciones y experiencias cambiantes, diversas y enriquecedoras.